¿Qué conlleva un proceso?

Proceso… una palabra que puede obtener un sinfín de significados. Para explicar mi idea la tomaré como «un evento que transcurre en un tiempo determinado».

Desde esta perspectiva, todo es un proceso: desde un algoritmo programado, hasta la decisión sobre que vamos a vestir hoy.

Desde mi punto de vista, pueden desglosarse en diferentes partes, aunque hay una que inevitablemente es obligatoria en cada uno: Comenzar.

Comenzar

Esta es la inevitable y a veces dolorosa parte de cualquier proceso. Hay varios ejemplos que podríamos tomar en consideración.

Levantarte para dirigirte al gimnasio una mañana puede ser lo más difícil de ir al gimnasio en sí. Generalmente cuando ya estás en el lugar hacer ejercicio no es problema. Sin embargo, ponerse las zapatillas, cargar una botella con agua suele ser dónde la gente falla.

En muchas otras ocasiones, empezar es el momento más sencillo. Principalmente cuando la tarea en sí es placentera y no desgastante. Por ejemplo, buscar una receta cuando queremos cocinar algo.

También están los procesos que son de largo plazo y que requieren más esfuerzo.

Puede ocurrir que queramos comenzar algo y estemos perdidos, ya sea escribiendo un libro, un artículo, las primeras líneas de código de un gran proyecto, hacer crecer un perfil en cierta red social, etc. Estar desorientado es normal, y más al comienzo. Sin embargo hay una manera de facilitar esta etapa: planificar.

Planificar es dividir un gran proyecto con grandes metas en subprocesos con objetivos más cortos y concisos. Estos, que deberían de ser simples en comparación a la meta final, son tangibles ya que sus resultados deben de ser visibles en el corto plazo. De tal manera, elegir un subproceso para comenzar nos resultará más sencillo.

Pero luego de comenzar… ¿Qué sigue?

Ser constante

Plantar un árbol y hacerlo crecer es un proceso largo. Ir al gimnasio y lograr cambios en el aspecto físico de uno es un proceso de la misma índole. Desarrollar una aplicación o un videojuego es igual y puede inclusive tornarse más largo si se le quiere otorgar un valor comercial y dar a conocer a un número significativo de personas.

Los resultados de los anteriores son visibles con el transcurso del tiempo. En un período de tiempo corto, los suelen ser imperceptibles.

Acá es donde se puede introducir otro pilar básico de cualquier proceso: la constancia.

Comenzar es importante, pero si no trabajamos todos los días en lo que comenzamos, el resultado seguramente sea uno diferente al que teníamos en mente cuando empezamos. Es decir, podemos plantar un árbol, enterrar una semilla, pero si posteriormente lo descuidamos y no lo regamos asiduamente ¿Cuál será el resultado? Probablemente nos llevemos una gran decepción.

Esto va de la mano con la paciencia ya que si bien uno puede querer esforzarse por llevar algo a cabo lo más rápido posible. Puede ocurrir que tengamos que esperar un subproceso ajeno a nosotros. Continuando con el ejemplo anterior, si intentamos regar la planta con toda el agua que precisa a lo largo de su crecimiento en un mismo instante, seguramente terminaremos ahogándola.

Finalizar un proceso

«Termina lo que empiezas» es una frase que me encuentro cotidianamente. Y así lo creo. Si se está llevando a cabo un proceso que requiere de una finalización, habría que intentar darle su conclusión con la misma energía con la que empezamos.

Finalizar es, muchas veces, el momento más placentero porque es cuando se ven los resultados finales. Es cuando uno dice «Que bueno lo que logré». Esto no sería posible si primero no se hubiese empezado y sido constante.

Algunos procesos no tienen cierre, o por lo menos no es lo que se busca. En cambio, se intenta mejorar.

Ir al gimnasio es un proceso largo y constante. No tiene fin. Uno puede ponerse en excelente forma si eso es lo que busca. Pero si se abandona, el cuerpo comenzará lentamente a perderse el progreso alcanzado. En estos casos, el proceso es el camino y la satisfacción aparece a lo largo del trayecto.

El mejor ejemplo que se me ocurre es la vida misma, donde no hay un fin para disfrutar, sino disfrutar la vida en sí.

En fin, mi idea en este post no es ponerme a filosofar, sino compartir una pequeña reflexión. Creo que estos son los pilares fundamentales de cualquier proceso. Desde el comienzo hasta el final.

Cabe destacar que hay personas que son muy buenas comenzando y hay otras que les resulta más fácil persistir. De todas formas, siempre hay espacio para mejorar y crecer. Esta no es la excepción. Si hay algo que te cuesta, no te frustres. Trabájalo.

A mi se me da muy fácil comenzar… por lo menos hasta que formo el hábito. Y a vos, ¿Qué te resulta más sencillo? Te leo 👇

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